martes, 5 de agosto de 2008

Honor liberal

Andan los liberalillos indignados porque a su máximo jefezuelo le están lloviendo toñas judiciales de todas partes por culpa de sus continuos insultos. Lo que más he leído por ahí es que eso del derecho al honor es una entelequia absurda que sirve para censurar (lo cual es muy conveniente cuando tu estrategia es acusar a los demás de totalitarios, golpistas, colegas de los etarras, etc). Pero lo que más me ha divertido hasta el momento es este genial artículo de José Antonio Martínez-Abarca en el que viene a decir que estas cosas del honor hay que dirimirlas en duelo, como en los buenos viejos tiempos, y que ya verías cómo entonces sabríamos todos claramente quién es cobarde y quién no. Y lo peor es que si lleva ironía, yo no la encuentro por ninguna parte:
Más que probablemente debiéramos dejar el derecho al honor, tan espectral, en los sanos dominios do moraba: en el bosque, al amanecer y con padrinos, no en los juzgados. El derecho al honor no debiera existir más que en los duelos a pistola o a espada, y no andaban tan errados en Uruguay (¿o era en Paraguay?) cuando han mantenido hasta hace nada la legalidad de la satisfacción sangrienta, porque me creo que es la más democrática, o desde luego la menos totalitaria. Escribía el ensayista Paul Johnson que es una pena que los escritores y los periodistas ya no se den de puñetazos para dirimir sus diferencias, porque desde que todo es más civilizado el clima se ha vuelto mucho más enrarecido, y algo hay de eso. Por haber abolido los duelos particulares, lo que contribuyó a un aumento espectacular de la cobardía, nos ha crecido ahora este monstruo: el Gobierno y los jueces queriendo decidir qué debemos pensar y qué no podemos decir en según qué época.
Si los mariprogres son tan cobardes y totalitarios como para no aceptarlo, propongo, como alternativa, el juicio de Dios.

2 comentarios:

  1. Anda q a Santitos no le ibana caer... a fuego o acero... pero se la cortaban rapido.. la lengua, claro.

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  2. A mi lo que me gustaría es ver el epitafio: falleció tras ser retado a 37 duelos por agravio consecutivos: se mordió la lengua y se envenenó.

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